Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Lorena Montaño Alvarez

Colegio de Bachilleres

Lecturas 2 y 3. Conciencia y Autoconciencia

Lectura 2

Definición de conciencia y autoconciencia.

La definición etimológica del término conciencia nos remite a la derivación del vocablo latino con y scientia que significa conocimiento, de esta manera la conciencia nos remite a un conocimiento de algo (objeto) o un saber con. Ahora bien, por la definición etimológica podemos decir que la conciencia es un saber de algo dándose cuenta de que se sabe, es decir, tener la experiencia cognitiva advirtiendo el sujeto cognoscente que tiene dicha experiencia; generalmente la conciencia la podemos entender como la capacidad de formarse representaciones de los objetos o la capacidad de conocer objetos del mundo exterior (extra-mentales) y además, mediante el proceso de abstracción se pasa de la representación al el concepto, lo cual nos lleva a la reflexión o pensamiento. Asimismo podemos darnos cuenta que existen dos niveles de conciencia: la representativa (de los objetos) y la reflexiva (sobre uno mismo).

Por otra parte, la autoconciencia se puede considerar como el conocimiento que la conciencia tiene de sí misma, o la representación del yo como objeto conocido por la conciencia, o el conocimiento del yo acerca de sí mismo. También el hecho de percibirse uno mismo como sujeto, o lo que se entiende como subjetividad. La mente humana no sólo es conciencia porque es capaz de representarse cosas mentalmente, sino porque es capaz, además, de reflexionar sobre lo que conoce mentalmente y sobre sí misma. A esta acción reflexiva llamamos específicamente «autoconciencia», cuya característica fundamental es la percepción de la propia identidad personal que denominamos sujeto personal o persona.

Para Marx la conciencia constituye un mero reflejo de las relaciones económicas del modo de producción capitalista o estructura económica que determina a la super-estructura, la cual está conformada por la ideología, la religión, la filosofía, el derecho o régimen jurídico, que reglamenta coercitivamente a la sociedad en su conjunto y de esta manera preserva el régimen socio-económico establecido que beneficia sólo a un sector de la sociedad. La burguesía.

Para Adolfo Sánchez Vázquez la ideología es “…un conjunto de ideas acerca del mundo y la sociedad que…responden a intereses, aspiraciones o ideales de una clase social en un contexto social dado, y que,…guían y justifican un comportamiento práctico de los hombres acorde con esos intereses, aspiraciones o ideales…”[1] 

En nuestro contexto histórico-social la ideología dominante es la burguesa, la cual tiene ideales y aspiraciones e intereses lucrativos propios de su clase social, los cuales tienen una gran difusión mediante los medios masivos de comunicación (radio, tv, etc.). La difusión ideológica del grupo en el poder (oligarquía) incide en la sociedad en su conjunto ya que son estos ideales, aspiraciones e intereses que parecen consolidarse en la práctica social cotidiana, debido a la estructura racional del sistema mercantilista (Administración pública y privada). Es en este sentido que los mencionados ideales burgueses parecen verdades irrefutables, lógicas, racionales, coherentes, etc. Acordes con la estructura del sistema de la sociedad industrial. Pero es también en este sentido, cuando las clases trabajadoras, aceptan dichos ideales, aspiraciones e intereses como si beneficiara a toda la sociedad en su conjunto y asumen como propias y benéficas la ideología de la super-estructura burguesa. A esto es a lo que Carlos Marx señalaba como falsa conciencia, ya que el proletariado lo asume como algo propio, natural y benéfico para él, sin darse cuenta que es el más perjudicado en la estructura del sistema capitalista de explotación.

La falsa conciencia  se puede considerar como una opinión ideológica que no se corresponde con la situación real de quien la posee, o con la clase social a la que pertenece. La conciencia, para Marx, debe ser un reflejo de la sociedad, y no al revés, que exprese las condiciones reales de su estructura económica y, por consiguiente, la situación real inhumana de dominio y opresión. Toda conciencia que interprete esta situación como sustancialmente adecuada es una conciencia que falsea la realidad, y que se apoya en elementos meramente ideológicos, o meros pensamientos, que impiden ver la naturaleza de las cosas, o supone la mala conciencia de no querer cambiarlas. La verdadera conciencia (la del proletariado) percibe su situación real de conciencia alienada por la estructura social, pero, al ser también conciencia de clase, posee la voluntad de cambio y se convierte en sujeto de la transformación de la realidad social.

Carlos Marx consideraba que la religión es el opio de los pueblos, es un mecanismo  de alienación para la conciencia humana, pues la grandiosidad de la mentalidad humana es puesta en seres sobrenaturales (Dios-espíritu) y el ser humana no se reconoce así mismo como un ser grandioso, sus capacidades intelectuales son separadas de sí mismo y puestas en entidades sobrenaturales o fetiches, esto es una alienación del ser humano; pero en la actualidad, los medios alienantes se han diversificado de múltiples formas, como son: la radio, televisión, juegos electrónicos, revistas, internet, etc. En la actualidad se puede decir, parafraseando a Marx, que, la televisión es el opio del hombre o también se puede decir que es la industrialización de la conciencia humana, ya que en la TV se difunde constantemente la ideología burguesa (falsa conciencia) que genera personas unidimensionales (autómatas) que sólo sirven para la producción y reproducción del sistema capitalista de explotación.

Uno de los temas de interés social que tiene repercusiones en la sociedad mexicana es el famoso TELETÓN, que en su aparente altruismo evade impuestos y oculta un negocio muy lucrativo, además de alienar a miles de conciencias de seres humanos, mediante la inculcación de falsas necesidades, que implementan el consumo, producción, circulación y distribución  de mercancías necesarias para el ciclo del capital (reproducción del sistema de capitalista de explotación), mercancías que son anunciadas por los medios masivos de comunicación, como son la radio y la televisión (cultura de masas) ¿Esto es verdad? ¿Por qué lo consideras así? ¿Cuál es la relación de esto con lo que acabas de leer?

  • Conciencia y Autoconciencia. 

Lectura 3

Conciencia GEN.

(del latín conscientia, derivado de cum, con, y scientia, conocimiento, por consiguiente remite a un cierto «saber con») Por su etimología, es el saber algo dándose uno cuenta de que se sabe, o bien el tener una experiencia advirtiendo el sujeto que la tiene; la etimología de la palabra apunta ya, por tanto, a la principal característica del concepto: la reflexión. En general, es la capacidad de representarse objetos o la capacidad de conocer objetos del mundo exterior, mediante una representación de los mismos con intuiciones y/o conceptos. Posee, por consiguiente, dos sentidos fundamentales o bien hay que decir que existen dos clases de conciencia: la representativa (de objetos) y la reflexiva (sobre uno mismo). Aunque la conciencia existe en distintos grados en el reino animal, en sentido pleno la conciencia es un fenómeno puramente humano y con ello se afirma que 1) todo hombre individual tiene conciencia, esto es, es capaz de representarse mentalmente el mundo; pero que 2) lo hace de un modo tal que es sustancialmente idéntico para todo hombre, de donde proviene que todo hombre, además de ser un individuo capaz de conocer es, también un sujeto sustancialmente idéntico a los otros; y, por último, que 3) tener conciencia, o ser sujeto, implica que existen objetos conocidos por este sujeto. En el primer sentido, la conciencia es la capacidad del individuo de conocer el mundo que le rodea; en el segundo, la conciencia significa subjetividad o entidad de sujeto para quien la tiene, y en el tercero, la conciencia señala la inevitable condición de que «toda conciencia es conciencia de algo» y de que, por lo mismo, significa la unión, fusión o relación -pero no identidad, que es lo que afirma el idealismo- entre un sujeto y un objeto. Cuando este objeto es el yo mismo, a la conciencia se la llama autoconciencia, o conciencia de sí mismo, y cuando es un valor moral o un deber, conciencia moral. Es propio de la conciencia dar unidad al conjunto de la experiencia, hasta el punto de que la posibilidad de captar y comprender el conjunto de experiencias como un todo, ya sea como un objeto o como la totalidad de objetos, depende esencialmente de la permanencia, constancia, identidad de la conciencia y de su carácter de sujeto. Características básicas, por consiguiente, de la conciencia son: la intencionalidad, la reflexión y la identidad o permanencia como sujeto. La historia de la filosofía y del pensamiento ha visto en la conciencia el momento importante de la representación de objetos, o el fenómeno del conocimiento, por lo que los principales enfoques de la conciencia van a la par con cuestiones fundamentales de las diversas teorías del conocimiento. Dejando de lado las primeras apelaciones a la conciencia, entendida como conocimiento reflexivo de uno mismo, hechas por el «conócete a ti mismo», de Sócrates, o el «diálogo del alma consigo misma», de Platón, o la distinción entre «hombre exterior» y «hombre interior», y hasta el «maestro interior», de Agustín de Hipona, la consideración de la conciencia como tema de filosofía comienza con las Meditaciones metafísicas de Descartes. Para él, es fuente única de certeza y modelo de conocimiento y se identifica, además, con el yo o la sustancia del individuo; es el comienzo de una tradición que llega hasta la época moderna, que identifica conciencia y certeza y hace de la conciencia la característica del hombre y del saber humano: la mente y la razón. A Hume se debe, en cambio, la perspectiva de considerar a la conciencia como si fuera un flujo de impresiones, un «haz», una «corriente» o un «río», esto es, como conjunto de vivencias sin identidad de sujeto y sin carácter sustancial. Con la llegada de los representantes de la llamada filosofía de la sospecha, se somete a crítica la noción tradicional de conciencia. Nietzsche afirma el origen social de la conciencia y la necesidad de desenmascarar cuanto se oculta realmente detrás de ella como conciencia moral; Marx la constituye en un mero reflejo de las relaciones económicas de producción, y según Freud es un producto del inconsciente.

            Husserl reemprende la tradición clásica y cartesiana de conciencia, interrumpida por los filósofos de la sospecha. Como para Descartes, también para Husserl, pero en mayor medida, la conciencia es conciencia de algo. Rechaza, sin embargo, que este algo sean ideas, o enunciados sobre ideas, que Descartes toma como objeto de investigación según su «contenido objetivo». Para Husserl el ser «conciencia de» significa que la conciencia es esencialmente intencional, y que lo suyo es representar algo siempre y en todo momento, y una conciencia que no apuntara a un objeto sería algo tan contradictorio como hablar de una «materia inextensa», pero los objetos a que apunta son también estados intencionales o subjetivos. Al distanciarse por igual del realismo -que supone, sin más, la existencia de un mundo exterior- y del idealismo -que identifica el mundo exterior con la conciencia humana-, describe la intencionalidad de la conciencia en su doble aspecto de acción de referirse a «objetos» y de objeto referido, de nóesis y nóema, respectivamente, como aspectos ambos intencionales o fenoménicos. Posteriormente, tanto la filosofía especulativa como las investigaciones empíricas de la psicología, sobre todo de la llamada psicología de la Gestalt, han coincidido en suponer necesaria la distinción entre «mundo percibido» o «mundo vivido», o conjunto de vivencias de la conciencia, y mundo en sí. Según la actual filosofía de la mente, a la afirmación de que los fenómenos mentales son procesos cerebrales sigue la afirmación de que describir la conciencia no es labor exclusiva de la filosofía, sino también de las ciencias empíricas en general y de la neurofisiología en especial. Aunque con excepciones notables –Th. Nagel, Colin McGinn o John R. Searle, por ejemplo, que sostienen que la subjetividad, propia de la conciencia, no puede explicarse mediante una reducción a estados puramente físicos-, la tendencia general afirma la identidad psicofísica de mente y cuerpo, en la variante actual denominada «teoría de la identidad de rol causal», o bien funcionalismo, según la cual los «estados» mentales -hechos, procesos o estados mentales- se conciben en términos del rol que asumen al conectar los inputs y los outputs del cerebro, o los estados mentales mismos, esto es, en términos de causa (que los provoca) y efecto (sobre la conducta). También para la filosofía de la mente actual se mantiene la cuestión del carácter ontológico que hay que otorgar a la conciencia y de su autonomía respecto de fenómenos explicables por meras propiedades físicas. La distinción, que se mantiene, entre «conciencia fenomenal» (la reflexiva y subjetiva) y «conciencia representacional» (la que aporta información externa) es no sólo indicio de la complejidad del problema, sino también de que hay un problema filosófico y un problema empírico que deben diferenciarse.

          Autoconciencia.

          El conocimiento que la conciencia tiene de sí misma, o la representación del yo como objeto conocido por la conciencia, o el conocimiento del yo acerca de sí mismo. También el hecho de percibirse uno mismo como sujeto, o lo que se entiende como subjetividad. La mente humana no sólo es conciencia porque es capaz de representarse cosas mentalmente, sino porque es capaz, además, de reflexionar sobre lo que conoce mentalmente y sobre sí misma. A esta acción reflexiva llamamos específicamente «autoconciencia», cuya característica fundamental es la percepción de la propia identidad personal que denominamos sujeto personal o persona. El problema fundamental que se plantea en la afirmación de la autoconciencia es esclarecer el tipo de entidad a que nos referimos cuando decimos conocernos a nosotros mismos, o a nuestro propio yo; esto es, si el yo conoce realmente algo distinto de los diversos actos mentales o psíquicos, de los cuales pueda considerarse su sujeto. ¿De qué somos conscientes cuando somos conscientes de nosotros mismos? Las respuestas a esta cuestión son tantas y tan variadas como distintas son las posiciones filosóficas en lo tocante a problemas tan centrales y discutidos en filosofía, como son la naturaleza de lo mental, la identidad personal, el yo, etc. Las dos posturas más clásicas son la afirmación del carácter sustancial y permanente del yo, frente a la sucesión y diversidad de actos conscientes, según la tradición racionalista, y la afirmación de la precariedad del yo, pensado a modo de una «corriente», «río», o «clase» de experiencias mentales, según la tradición empirista.  Kant señaló uno de los aspectos fundamentales de esta dificultad, al afirmar: «No me conozco tal como soy, sino sólo como me manifiesto a mí mismo» (Crítica de la razón pura, B 158). Con Hegel, Heidegger y con el existencialismo, en especial Sartre, se hace hincapié en la necesidad del otro para la constitución y la experiencia de la autoconciencia.


[1] Sánchez Vázquez, Adolfo. En dialéctica. No. 13. Ed. U.A.P. México 1983. Pp.19-20.



escrito el 8 de marzo de 2012 por en Bloque I. Filosofía y Conciencia del Ser HUmano,Conciencia y Autoconciencia


3 Comentarios en Lecturas 2 y 3. Conciencia y Autoconciencia

  1. alygabrielasoledadotlica | 13-03-2011 a las 2:33 | Denunciar Comentario
    1

    esto de conciencia y auto conciencia me parece algo muy intyeresante es un a definicion mui buena creo que me va a servir de muxoo

  2. ralcalvajacinto | 14-03-2011 a las 0:10 | Denunciar Comentario
    2

    pues en el video me puso apensar en fraudes y en las religiones aun que no es mi interes tratar este tipo de cosas seme hiso muy confunso

  3. Manuel Labbé | 07-09-2012 a las 21:43 | Denunciar Comentario
    3

    Muy interesante y entretenido de leer Lorena. Cómo se nota cuando a las personas les gusta lo que hacen.
    Gracias, me ha servido mucho tu artículo.

    Saludos,

    M Labbé

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